El arte de pasar adelante

Cuando el joven Karol Wojtyła, obrero y actor clandestino en la Polonia ocupada, se topó con las obras de San Juan de la Cruz, algo cambió para siempre. No fue un encuentro académico, sino vital. Aquel muchacho de Wadowice, que rezaba en los escombros y trabajaba en la cantera, encontró en el Místico del Carmelo una brújula para navegar la noche del espíritu. Y fue un laico, Jan Tyranowski —un sastre con alma de santo— quien le abrió el libro y el camino…