El racimo en el lagar

¿Queremos estar con Él? Entonces hay que dejar de pedir compañía y empezar a abrazar la soledad. Dejar de mendigar emociones y empezar a ofrecer silencio. Como decía Ignacio, el capitán: “ofrecer todas nuestras personas al trabajo”. Pero también —y más difícil aún— al olvido, al abandono, al no ser comprendidos, al no tener más testigo que Dios.
Porque el que quiera reinar con Cristo, tiene que estar dispuesto a ser exprimido con Él.