La condescendencia del Pesebre
Contemplar el pesebre es contemplar la condescendencia en su forma más pura. Ahí está el Dios que se abaja hasta la nada, que se acomoda a nuestra pobreza, que se deja envolver por la carne y la noche. San Juan de la Cruz lo comprendió en Granada, cuando exclamó: “Mi dulce y tierno Jesús, si amores me han de matar, agora tienen lugar.”