Los soldados de Gedeón

De una carta de San Juan de la Cruz se ha salvado apenas un jirón. El papel está roto, las primeras líneas desaparecieron, y la firma se la comió el tiempo. Quedó sólo un fragmento —como un rescoldo que basta para encender fuego—, y Dios sabrá por qué quiso conservar precisamente eso. Dice el Santo a una Carmelita Descalza, en viaje de Granada a Madrid, en agosto de 1586: