El muerto que falta
El Maestro de la fe tenía una afinidad singular con el Apóstol de las gentes. Lo llama “siervo” de Cristo (CB 1, 7); lo nombra “mi apóstol” por antonomasia (2S 22, 6); lo presenta “fuerte en el espíritu” (2S 24, 3), como tipo perfecto de cristiano (CB 1, 14; 12, 7; 22, 6), y llega a yuxtaponerlo en sus pruebas a la misma Virgen María (CB 20-21, 10). No se limita a repetir sus palabras…