Por qué no avanzamos: una respuesta de San Juan de la Cruz

Muchas veces —quizá en los días de retiro, preparando una dirección espiritual, o simplemente en la oración silenciosa— nos asalta una pregunta desconcertante: ¿cómo puede ser que no cambie?, ¿por qué no logro crecer en esta virtud, cumplir aquel propósito, vencer esta actitud que tanto me pesa? No es que no lo vea. Veo su fealdad, o al contrario, la belleza del bien al que Dios me llama. Y, sin embargo, pasa el tiempo… y sigo igual…