Biográficos
Afirmaba san Pablo VI: «El mundo contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan; o si escuchan a los que enseñan es porque dan testimonio» (Evangelii Nuntiandi, n. 41). De aquí la fuerza del magisterio total (vida y escritos) de san Juan de la Cruz, quien no solamente enseñó con eminencia, sino que practicó hasta la perfección todo lo que enseñaba.
Muestra el autor cómo el alma de san Juan de la Cruz fue formándose en el amor a lo sencillo y a la creación, ya desde pequeño, por influencia de su madre Catalina. Y, hacia el final del artículo, hace una breve presentación y análisis, extremadamente sencillo, para que sirva sólo de ejemplo, de algunas de las composiciones menores del Místico Doctor.
El artículo saca a la luz cómo el santo no sólo es maestro de los consagrados sino de todas las almas ansiosas de vida interior y perfección. Coloca como notas propias de los hijos espirituales del grande de Fontiveros la gran vivencia divina, la vida de intimidad y unión con Dios, el cultivo de la oración, la profundización del espíritu mariano y de consagración existencial a María, el impuso apostólico y misionero en profundidad, el más acendrado servicio de la Iglesia, la vocación y aspiración constante a la santidad.
Según el autor, Juan de la Cruz dirigió espiritualmente a su hermano Francisco, de quien hizo un alma de oración y un cristiano ejemplar (a mi parecer fue más debido al gran trabajo educativo de su madre Catalina Álvarez). Termina comentando someramente cómo Francisca Javiera del Valle es hija espiritual del santo.
El autor enumera tan sólo las grandes líneas o perspectivas del denso título de su escrito. Así, nos presenta a san Juan de la Cruz como perfecto amador de Cristo crucificado y maestro insigne, por su dotes naturales, su santidad personal, su inmenso ascendiente moral, su modo de gobierno, su magisterio oral y escrito. Termina con una antología sanjuanista breve, repitiendo la altísima consigna de san Juan Pablo II en su peregrinación a tierras españolas: «Leed continuamente las obras de los grandes maestros del espíritu. ¡Cuántos tesoros de amor y de fe tenéis al alcance de vuestra mano en vuestro bello idioma!».
José Vicente Rodríguez
En la segunda parte comenta el Cántico espiritual con citas de la Escritura y algunos comentarios propios. Y termina el libro uniendo textos del Santo por temas, tales como: luz de la fe, luz de la razón, del mundo visible, vida del alma, hacia la unión con Dios.